ARTÍCULO · MICROBIOLOGÍA DEL AGUA

Calidad del agua de riego: por qué la CE y el pH no bastan

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Mano midiendo la CE del agua de riego con un medidor en un invernadero de melón

La CE está bien. El pH está dentro del rango deseado. Aun así, el filtro se tapa más rápido de lo normal, algunos goteros entregan menos agua o el cultivo no responde igual en todas partes. ¿Le suena familiar?

En ese momento es tentador buscar una sola causa. Pero el agua de riego casi nunca tiene una sola explicación. La causa puede ser química, como la precipitación de minerales. Puede haber partículas en el agua. El equipo, la temperatura, la materia orgánica y los microorganismos también pueden influir. Muchas veces se trata de una combinación.

Si solo se fija en la CE y el pH, verá apenas una parte del sistema.

Un agua clara no es necesariamente un agua estable

El agua puede verse limpia y aun así contener mucho de lo que no se ve a simple vista: sales disueltas, partículas muy finas, materia orgánica y microorganismos. Además, el agua cambia en el camino.

El agua en la fuente no es necesariamente la misma que llega a las raíces. El almacenamiento en un estanque o tanque, la inyección de fertilizantes, los cambios de temperatura, la recirculación y el tiempo de residencia influyen en el sistema.

Un estudio en invernaderos comerciales de jitomate (se abre en una pestaña nueva) muestra además que las comunidades microbianas pueden variar mucho según la fuente de agua, la forma de almacenamiento y la empresa.

Por eso, una sola muestra tomada en un solo punto dice poco sobre toda la línea de agua.

¿Qué es exactamente una biopelícula?

Los microorganismos no solo viven suspendidos en el agua. Una parte se adhiere a superficies húmedas, como el interior de tuberías, filtros y goteros. Ahí, junto con materia orgánica, pueden formar una capa delgada: una biopelícula (biofilm).

La formación de biopelícula es un proceso biológico normal. Su presencia no significa automáticamente que el sistema esté contaminado o enfermo.

Los problemas pueden surgir cuando la capa crece demasiado o cuando microorganismos, materia orgánica, precipitados minerales y partículas en suspensión se acumulan juntos. En conductos estrechos, eso puede afectar la descarga de agua.

Un estudio sobre riego por goteo con agua residual tratada (se abre en una pestaña nueva) muestra que la biopelícula y las partículas atrapadas en ella pueden relacionarse con una descarga menor y menos uniforme de los goteros. Ese estudio trata sobre un tipo de agua específico y no se aplica tal cual a todos los sistemas de cultivo. Sobre todo, muestra por qué es importante un buen diagnóstico.

Gotero clavado en un saco de sustrato con ligeros depósitos blancos, entre plantas de melón en invernadero

No todas las obstrucciones tienen un origen biológico

Un gotero que entrega menos agua no prueba que los microorganismos sean la causa. Una obstrucción también puede deberse a arena, arcilla, partículas de óxido, intrusión de raíces o precipitación química.

Incluso puede ser una combinación: una biopelícula existente puede retener partículas mientras los precipitados minerales estrechan aún más el paso.

Por eso, fíjese no solo en el efecto, sino también en el patrón:

  • ¿El problema ocurre sobre todo al final de las líneas?
  • ¿Ciertas secciones, riegos o temporadas son más sensibles?
  • ¿La caída de presión en el filtro aumenta más rápido?
  • ¿Los problemas vuelven poco después del mantenimiento?
  • ¿Hay sedimento, incrustaciones o una capa viscosa visible?
  • ¿La descarga cambia entre el inicio y el final de una línea?

Estas señales todavía no indican la solución, pero sí ayudan a buscar en el lugar correcto.

Revise toda la ruta, desde la fuente hasta la raíz

Un análisis de agua útil no empieza con un solo resultado, sino con un mapa del sistema. Siga el agua desde la fuente, pasando por el almacenamiento, la fertirrigación y la desinfección, hasta la tubería principal, la línea de goteo, el gotero y, cuando aplique, el retorno.

Después, elija puntos de muestreo antes y después de los componentes que pueden modificar el agua, como el estanque, el tanque de mezcla, el filtro, el equipo de desinfección y el final de una línea.

De preferencia, compare los resultados en varios momentos. Un sistema no se comporta igual en una tarde calurosa que justo después de llenar un estanque o tras un paro prolongado.

Según la situación, pueden ser relevantes datos como:

  • pH, CE y alcalinidad;
  • la composición mineral del agua;
  • temperatura y oxígeno disuelto;
  • turbidez, partículas en suspensión y carga orgánica;
  • presión, caudal y diferencias de descarga;
  • mediciones microbiológicas adecuadas para la pregunta concreta.

No es necesario medir todos los parámetros siempre. La clave es plantear primero la pregunta correcta. ¿Se trata de inocuidad, sanidad del cultivo, ensuciamiento, descarga desigual o mantenimiento recurrente? Esa pregunta define qué mediciones tienen sentido.

Mano con guante que sostiene dos tubos cerrados con muestras de agua, con cultivo verde al fondo

La microbiología del agua no se reduce a “buenos” y “malos”

En el agua viven muchos microorganismos distintos. Su importancia depende de la especie, de su cantidad y de las condiciones en las que se encuentran. La temperatura, los nutrientes, el oxígeno, el flujo y el régimen de mantenimiento o desinfección influyen en todo esto.

Por eso, “agregar más bacterias buenas” no es una estrategia completa para el agua. Tampoco es realista ni necesario tener agua totalmente libre de gérmenes en todos los sistemas de cultivo.

Lo importante es el control: un sistema que se ajuste a la fuente de agua, al cultivo, al equipo y a la forma de operar.

Una aplicación biológica puede formar parte de esa estrategia de mantenimiento, pero no sustituye una filtración adecuada, la higiene, la revisión técnica ni un buen monitoreo. También hay que evaluar de antemano cómo se combina una aplicación con, por ejemplo, desinfectantes, fertilizantes, temperatura y tiempo de residencia.

De una solución rápida a un manejo estructural del agua

Cuando un problema se hace visible, a veces es necesaria una limpieza rápida. Pero si el mismo ensuciamiento vuelve una y otra vez, limpiar suele no ser suficiente. Entonces la pregunta importante es: ¿qué condiciones permiten que regrese?

Por eso, el manejo estructural del agua se basa en un enfoque integral:

  1. Haga un mapa del sistema. Sepa de dónde viene el agua, cuánto tiempo se almacena y qué tratamientos recibe en el camino.
  2. Identifique la causa real. Distinga entre partículas físicas, precipitación química, crecimiento biológico y fallas técnicas.
  3. Elija medidas adecuadas. Cuando sea necesario, combine filtración, rutinas de purga, limpieza, desinfección, ajustes técnicos y apoyo biológico.
  4. Verifique el efecto. No solo revise si una línea queda limpia después del tratamiento, sino también si la presión, la descarga y la calidad del agua se mantienen más estables.

Esta forma de trabajar evita que cada falla reciba automáticamente el mismo tratamiento.

DEL ANÁLISIS A UN ENFOQUE ADECUADO

El papel de BIOMICROBES

BIOMICROBES analiza la microbiología del agua como parte de todo el sistema de cultivo. Para ello consideramos, entre otros aspectos, la fuente de agua, el almacenamiento, la recirculación, el equipo, la fertirrigación y el régimen de mantenimiento actual.

Solo cuando ese contexto está claro se puede evaluar si el apoyo microbiológico tiene sentido, y en qué punto.

Es menos sencillo que asignar un producto a un problema. Pero así se obtiene una recomendación que se ajusta mejor a la práctica.

¿Tiene ensuciamiento recurrente, diferencias en la descarga de los goteros o dudas sobre la estabilidad biológica de su agua de riego? Hablemos de su sistema de cultivo.

Fuentes y lecturas recomendadas

  1. Picot, A. et al. (2020). Water Microbiota in Greenhouses With Soilless Cultures of Tomato by Metabarcoding and Culture-Dependent Approaches. Frontiers in Microbiology.
    https://doi.org/10.3389/fmicb.2020.01354 (se abre en una pestaña nueva)
  2. Zhou, B. et al. (2013). Quantitative relationship between biofilms components and emitter clogging under reclaimed water drip irrigation. Irrigation Science.
    https://doi.org/10.1007/s00271-013-0402-4 (se abre en una pestaña nueva)
  3. Yan, D. et al. (2009). Biofilm structure and its influence on clogging in drip irrigation emitters distributing reclaimed wastewater. Journal of Environmental Sciences.
    https://doi.org/10.1016/S1001-0742(08)62349-9 (se abre en una pestaña nueva)
  4. FAO & IWMI (2023). Water quality in agriculture: Risks and risk mitigation.
    https://doi.org/10.4060/cc7340en (se abre en una pestaña nueva)